Acabo de abrir el blog, para ver dónde me había quedado y me sorprendió ver cuánto hacía que no escribía. Tantas cosas pasaron desde la última vez, y la última vez ni siquiera estaba escribiendo sobre algo del momento, sino que me estaba poniendo al día con una historia interesante, pero vieja… (la historia de cómo me perdí en Downtown Calgary).
Algunos se enteraron, otros, no; el caso es que entre ese último post y el actual la pasé bastante mal. Yo no sé si lo que todos llaman “extrañar su país” es esto de lo que voy a hablar. Yo siempre vi ese asunto de extrañar la propia tierra, las costumbres, los lugares, un poco tonto… No me la doy de superado, creo no soy muy arraigado a las costumbres argentinas. No soy de esos tipos que se reúnen todos los fines de semana con la familia o con sus amigos a comer un asado; . Entonces pensaba, antes de venirme, que no me iba a costar mucho adaptarme, que no la iba a pasar tan mal.
No es que yo extrañe esas cosas, es algo relacionado con eso, pero no es eso puntualmente. No creo que tenga nombre, pero uno cuando está en Argentina, sabe que está ahí, al alcance de la mano, acompañando y sosteniendo, haciéndolo sentir tranquilo a uno, con uno mismo y con los demás. No tiene que ver tampoco con el idioma. Uno puede , con el idioma, ser todo lo Tarzán que quiera en Canadá y no tener problemas en ser entendido (siempre hay algún mexicano, cubano, salvadoreño, etc. a mano para ayudar). Es algo así como conocer las reglas de juego, saber anticipadamente a qué atenerse (dentro de los parámetros normales) en cualquier situación de la vida. Y eso que yo acá estoy casado con un canadiense, que me explica y me ayuda en un montón de cosas.
Eso sí que se extraña del país de uno, saber cómo funcionan las cosas y cuáles son las reglas del juego. Al principio es todo interesante y a uno lo maravilla y le causa gracia que todo sea diferente, pero después de un tiempito, ya se vuelve molesto. Cualquier cosa que uno quiere o tiene que hacer en su vida diaria se hace distinto, o peor, ni siquiera se hace o no se tiene con qué…
No quiero que suene pesimista este post, la verdad es que después de haberme descargado de todo eso y haber hecho el berrinche de rigor, me convencí de que es una cuestión de tiempo, que no puedo pretender saber todo y que me tengo que calmar. Es así. No es que extrañe menos todo eso, pero está ahí, esperando a la próxima vez que me sienta frustrado con este nuevo país.
Cambiando de tema, hoy es el primer día que tuvimos nieve todo el día, es la “anunciación del invierno”. Una tormenta polar terrible, cayeron como 20 centímetros de nieve (si no fue más) y la mayoría de nuestras actividades se suspendieron por el clima. Loa alumnos de Michael suspendieron sus clases con puntualidad y previsibilidad canadiense, y yo me justifiqué del trabajo apenas me desperté (en realidad lo hizo Michael por mí, porque hablar en inglés apenas uno se despierta sería el preambulo de un día de horrible humor, y como íbamos a estar encerrados en la casa todo el día, accedió amablemente a mi solicitud!)
Espero que esta nueva entrada sea un signo de que voy a volver a escribir, la constancia no es mi fuerte, pero la nieve es mucha y el encierro lleva a predisposiciones impensadas!!!
Ahh, ya es 5 de diciembre:
FELIZ CUMPLEAÑOS YOL!!!!!
QUE BUEN REGALO EL NUEVO BODOQUE EN LA CASA!!!
TE QUIERO UN MONTON!!