oh, canada!

domingo, 3 de enero de 2010

La poesía que acompañó a las empanadas

En el post anterior les conté que la premisa de la reunión a la que fuimos era acompañar cada plato de una historia, una canción o una poesía. El comentario quedó ahí porque sólo los dueños de casa y nosotros cumplimos. Las ostras estuvieron acompañadas de una canción muy años ‘50, que creemos que se llamaba “Song of the oysters” (La canción de las ostras). Por supuesto, cuando vimos que estaban por poner un CD con Michael nos miramos como diciendo “ah, eso valía???”. Cuando te invita un violista y una pintora lo último que esperás es que sean tan poco imaginativos. El otro plato que cumplió con la regla fue la brochette de ciervo, también de los dueños de casa. Ahí estuvieron un poco más imaginativos y eligieron una canción de la banda de sonido de la película “Bambi”.

Nosotros nos fuimos con impresiones de mi poesía en castellano e inglés para todo el mundo, seleccionamos cuidadosamente las palabras de la traducción, les contamos toda la historia de porqué escribí eso, en fin, una creación de ambiente y un esfuerzo de producción que, al menos, ellos agradecieron respetuosa y admirativamente.

La poesía la escribí hace un par de años atrás, Michael estaba estudiando con Hilda Herrera, que es una eminencia en folklore argentino y yo estaba leyendo una vez más “Misteriosa Buenos Aires”. No sé cómo fue que acordamos que era una buena idea hacer canciones con la temática de los cuentos, el caso es que me enganché y ahí me puse a escribir, a medir las sílabas, a buscarle vocales que sonaran lindo, etc. El cuento es “La sirena” y dice:

La Sirena (1541) – Misteriosa Buenos Aires, Manuel Mujica Lainez

Hasta Asunción llegaron las andanzas
las troperías de los hombres claros
(la guerra por el oro han declarado)
repletos de pasión y de venganza.

Sirena sabe de ellos hace tiempo
de Gaboto, Solís, sus fundamentos
y no sólo lo ha leído en el viento,
el gigante, su amigo, le ha contado
(y dejó su laguna, por buscarlo.)

Toda la vida buscando
ni cualquiera, ni todos: uno
no un hombre, ni un pez, sino ambos
o de los dos, a ninguno.

Ajena a la historia, que le es vedada,
Sirena juega entre barcos vacíos
Buenos Aires escapa en tres navíos
hoy, cinco años después de ser fundada.

Ella insiste con la misma obsesión,
nada puede impedir la comparación,
entre blancos e indios no hay distinción,
una cuestión de colores, nada más,
pero ella, de un hombre, no será jamás.

Toda la vida buscando
ni cualquiera, ni todos: uno
no un hombre, ni un pez, sino ambos
o de los dos, a ninguno.

La luz tardía esconde sus escamas
y el reflejo arco iris de su cola
en la huída, dibuja alguna ola
Se esconde frente a la amenaza humana
¿Es un hombre injertado en un navío?
La Sirena perdida en desvaríos.

Toda la vida buscando
ni cualquiera, ni todos: uno
no un hombre, ni un pez, sino ambos
o de los dos, a ninguno.

No es seguro, pero canta al humano
Poseidón y su tridente, indiferentes
El amor la conduce a hacerle frente
Canta entonces, busca respuesta en vano
trepa al barco, ya lo abraza y lo besa
ya no importa que el tridente la atraviesa.

Toda la vida buscando
ese abrazo correspondido
se quiebra el frente y caen ambos
en el rio, ya dormidos…

sábado, 2 de enero de 2010

Menú de fin de año

Podrá parecer de gordo que uno elija este tema para un post, pero ya van a entender porqué lo elegí. Hay gente a la que no le interesa en lo más mínimo lo que come mientras le quite el hambre, a mí además de eso me gusta la comida con historia, la comida extraña, las combinaciones bien pensadas, las ganas de sorprender que tiene quien cocina cuando selecciona la receta, etc. La comida es una fiesta, no sólo por la cantidad, sino por el evento que significa. Y fin de año es una ocasión especial de por sí. Este fue el primer fin de año en Canadá para mí y la verdad es que no pude estar más mimado culinariamente hablando.

Nos invitaron unos amigos a una reunión en su casa. La premisa era llevar un “appetizer” (algo para picar) suficiente para diez personas y una botella de vino por pareja invitada. Además, la comida y la bebida tenían que estar acompañadas de una poesía, una canción o una historia relacionada con lo que uno llevaba. Linda idea. Nosotros elegimos empanadas, un malbec argentino y una poesía que yo escribí con la idea de transformarla en canción en algún momento con la música de Michael. (Creo que voy a hacer un post extra con la poesía.)

Era la primera vez que íbamos (al menos yo) a la gansa de esta gente y si bien los conocíamos y estaba todo bien, no hay una gran cercanía, así que teníamos nuestras dudas. El concepto de la  fiesta si salía bien, podía ser muy interesante; pero si salía mal, no se iba a quedar sólo en una mala noche, iba a ser insoportable!

Con nuestras dudas a cuesta y con la perspectiva de ser los primeros invitados (cuando estacionamos en la puerta vimos un sólo auto, y eso que llegamos una hora más tarde que lo acordado) entramos decididos a enfrentar lo que venía.

Nuestros amigos, Arthur y Sherry, son una pareja particular. Él fue uno de nuestros testigos de casamiento (el de pelo canoso, no el de barba – ver fotos en Facebook), toca la viola (viola, viola, no viola a lo argentino) y le encantan los autos. En el garage tiene dos autos tuneados, miles de herramientas y uno de esos gatos hidráulicos para levantar los vehículos (uno con pinta de Porsche está en la parte de arriba y otro cuidadosamente cubierto con dos fundas, descansa debajo). Sherry es pintora y vive en una especie de alegría melacólica muy a lo Graciela Borges. Hace unos trabajos divinos en técnicas variadas y por alguna razón adora el español con acento argentino, así que estaba en una especie de éxtasis tropical cuando leí la poesía en castellano. Lindos ambos y muy elegantes (muy a lo Graciela Borges, también).

La otra pareja que estaba en la casa era no tan agradable. El tipo parecía Dani DeVito haciendo el papel del pinguino en Batman vuelve, y ella era un estilo Canela, pero rusa (caroncha, caroncha, diría Vernaci). La buena noticia fue que el pinguino era cheff de cocina.

Retomando con el tema del menú. Picadita en la mesa, raíz de jicama y tomates cherry con un dip re picante. La raíz de jicama es tipo un nabo, pero es más dulzona, estaba cortada en tiras tipo papas fritas un poco gruesas para meter en el dip. La consistencia en como la del coco, pero de sabor neutro.

Primer plato: ostras Rockefeller, yo no soy muy amante de las ostras y apenas llegamos, curioseamos la cocina y vimos los infames bichos en la mesada sobre hielo. Por dentro empecé a putear, no hay nada que me dé más asco que tener que comer esos bichos vivos. Pero por suerte después vi que Arthur los estaba partiendo y les estaba metiendo de todo arriba y después, al horno. Llevan una pasta de espinaca, mucha manteca, ajo y queso rallado por encima.

Segundo plato: las empanadas que llevamos nosotros. De carne, con hojaldre casero, estaban buenísimas!

Tercer plato: Y acá fue el turno del cheff. Nos sirvió una terrina de muslos de rana sobre unas hojas de espinaca cruda y radicchio, a mí las terrinas mucho no me van, siempre me dió un poco de asco esa gelatina que llevan, y peor cuando el tipo te cuenta que la gelatina proviene del hervor de los huesos de rana. Pero lo comí con ganas, me acordé que la última vez (la única otra vez) que comí ranas las había preparado Susana Chelasco y yo tenía unos 10 años o menos… El radicchio, un amargor!

Cuarto plato: (imaginen que cada uno de los platos es tamaño picada, no nos comimos 6 empanadas, sino una – bah, nosotros nos comimos 2 cada uno, que para eso amasé como loco!) Eran unos langostinos cocinados sobre madera de cedro. Esto merece explicación. Arthur usó una técnica de cocción de la que nunca había escuchado nada. El nombre es “plank cooking”. Se una una placa de madera de cedro que previamente de sumergió en agua por al menos una hora antes de empezar. Se pone la madera sobre la parrilla (recordar que acá las parrillas tienen siempre tapa, así que es como un horno), se precalienta de esa manera y después se colocan los ingredientes encima y se vuelve a poner en la parrilla. Él puso rodajas de limón sobre la placa de madera, encima los langostinos, los llenó de perejil y ajo picados y queso rallado. El efecto es que la comida tiene sabor a madera y un poco ahumada, pero no se seca como si uno lo cocinara al horno, por la humedad de la placa de madera.

Quinto plato: Brochette de ciervo y panceta con salsa de queso azul acompañado con esparragos blanqueados. Una exquisitez!!

Sexto plato: Costilla sobre pure de raíz de apio. Este plato fue del cheff de nuevo. Ahí ya empezamos a pedir disculpas, porque nos habían dicho de traer un solo plato, pero nos dijeron que estaba bien, que habíamos cumplido con lo que teníamos que hacer. Parece que el cheff no se aguantó llevar uno solo. La realidad es que estaba exquisito. No sé cómo hizo la carme pero se desarmaba cuando la tocabas con el cuchillo. Lo más parecido que se me ocurre es pensar en una costilla de asado, pero imaginar que la carne es de vacío. Y el puré estaba bueno, esa raíz de apio, obviamente, tiene sabor a apio, pero el tipo lo mezclo con un poco de papa y quedó re cremoso.

Y ahí se terminó la cena, después vinieron los postres, pero eso a mí no me interesa demasiado. Demás está decir que cada uno de los platos estaba acompañado de un vino seleccionado para conjugar de la mejor manera. Haciendo la cuenta, 6 vinos diferentes.

Para darse una idea de lo que quiero decir cuando digo que Sherry es muy a lo Graciela Borges, oliendo uno de los vinos dijo sin un ápice de verguenza que ella olía tonos de damascos….

lunes, 14 de diciembre de 2009

Oscar, girrrrrrrl! (no, en serio…)

 

foto0016 copy

 

[...] Ser enteramente libre, y al mismo tiempo enteramente sometido a la ley, es
la paradoja eterna de la vida humana, que a cada momento hacemos realidad; y a
menudo pienso que ésa es la única explicación posible de tu naturaleza, si es
que los profundos y terribles misterios de un alma humana pueden tener
explicación, salvo la que hace que el misterio sea todavía más prodigioso.
[...]

Oscar Wilde - De Profundis

 

La foto es mía, de la planta del frente de la casa de Varela…

sábado, 5 de diciembre de 2009

Volveré y seré snowflakes…

Acabo de abrir el blog, para ver dónde me había quedado y me sorprendió ver cuánto hacía que no escribía. Tantas cosas pasaron desde la última vez, y la última vez ni siquiera estaba escribiendo sobre algo del momento, sino que me estaba poniendo al día con una historia interesante, pero vieja… (la historia de cómo me perdí en Downtown Calgary).

Algunos se enteraron, otros, no; el caso es que entre ese último post y el actual la pasé bastante mal. Yo no sé si lo que todos llaman “extrañar su país” es esto de lo que voy a hablar. Yo siempre vi ese asunto de extrañar la propia tierra, las costumbres, los lugares, un poco tonto… No me la doy de superado, creo no soy muy arraigado a las costumbres argentinas. No soy de esos tipos que se reúnen todos los fines de semana con la familia o con sus amigos a comer un asado; . Entonces pensaba, antes de venirme, que no me iba a costar mucho adaptarme, que no la iba a pasar tan mal.

No es que yo extrañe esas cosas, es algo relacionado con eso, pero no es eso puntualmente. No creo que tenga nombre, pero uno cuando está en Argentina, sabe que está ahí, al alcance de la mano, acompañando y sosteniendo, haciéndolo sentir tranquilo a uno, con uno mismo y con los demás. No tiene que ver tampoco con el idioma. Uno puede , con el idioma, ser todo lo Tarzán que quiera en Canadá y no tener problemas en ser entendido (siempre hay algún mexicano, cubano, salvadoreño, etc. a mano para ayudar). Es algo así como conocer las reglas de juego, saber anticipadamente a qué atenerse (dentro de los parámetros normales) en cualquier situación de la vida. Y eso que yo acá estoy casado con un canadiense, que me explica y me ayuda en un montón de cosas.

Eso sí que se extraña del país de uno, saber cómo funcionan las cosas y cuáles son las reglas del juego. Al principio es todo interesante y a uno lo maravilla y le causa gracia que todo sea diferente, pero después de un tiempito, ya se vuelve molesto. Cualquier cosa que uno quiere o tiene que hacer en su vida diaria se hace distinto, o peor, ni siquiera se hace o no se tiene con qué…

No quiero que suene pesimista este post, la verdad es que después de haberme descargado de todo eso y haber hecho el berrinche de rigor, me convencí de que es una cuestión de tiempo, que no puedo pretender saber todo y que me tengo que calmar. Es así. No es que extrañe menos todo eso, pero está ahí, esperando a la próxima vez que me sienta frustrado con este nuevo país.

Cambiando de tema, hoy es el primer día que tuvimos nieve todo el día, es la “anunciación del invierno”. Una tormenta polar terrible, cayeron como 20 centímetros de nieve (si no fue más) y la mayoría de nuestras actividades se suspendieron por el clima. Loa alumnos de Michael suspendieron sus clases con puntualidad y previsibilidad canadiense, y yo me justifiqué del trabajo apenas me desperté (en realidad lo hizo Michael por mí, porque hablar en inglés apenas uno se despierta sería el preambulo de un día de horrible humor, y como íbamos a estar encerrados en la casa todo el día, accedió amablemente a mi solicitud!)

Espero que esta nueva entrada sea un signo de que voy a volver a escribir, la constancia no es mi fuerte, pero la nieve es mucha y el encierro lleva a predisposiciones impensadas!!!

Ahh, ya es 5 de diciembre:

FELIZ CUMPLEAÑOS YOL!!!!!
QUE BUEN REGALO EL NUEVO BODOQUE EN LA CASA!!!
TE QUIERO UN MONTON!!

lunes, 7 de septiembre de 2009

Y se vino la tercera…

Bueno, ya tenía el horario del colectivo. No pude confirmar nada con Westjet, pero podía hacerlo desde la casa de Tim. Salí con mis cinco minutos de anticipación para la parada, me clavé el mp3 y agarré un libro porque sabía que iba a tener un viaje largo…

Llego a Somerset, la estación con la letra A en éste mapa. Déjenlo abierto para entender lo que sigue. El caso es que yo tenía que tomar el tren en A, como dije antes y bajarme en R (Lions Park). Sin sacarme el mp3, bajo del colectivo y me subo al tren.Siempre hay uno esperando para salir, puede tardar un poco en arrancar, pero nunca hay necesidad de estar esperando a que llegue uno.

En un primer momento pensé que sería lindo prestarle atención a todo, porque era la primera vez que hacía un viaje así de largo por mi cuenta, pero casi al mismo tiempo pensé que podía pispear de vez en cuando el paisaje, cada vez que daba vuelta la página o algo por el estilo. Así que seguí con mi libro y escuchando música.

Llegamos a la estación H (Chinook), no le doy mucha bola, pero me llama la atención que baje tanta gente. “Combinación con algo”, pensé. En el vagón quedamos 3 claramente inmigrantes mexicanos, 2 adolescentes canadienses claramente muy entusiasmadas con su charla teen y un gordo claramente gordo. Creo que estoy siendo veraz. 5 minutos después, el tren no arrancaba y decido sacarme los auriculares. Preguntar o no preguntar? esa es la cuestión… el panorama no era muy agradable, así que decido bajar del tren, de última, podía tomar el siguiente y listo.

Me bajo y veo que hay otro tren delante de ese en el que venía viajando. “Se debe haber roto el mío”, pienso, y subo en el de adelante. Me siento, me pongo el mp3 y a los 3 segundos escucho por debajo que alguien dice algo desde los altoparlantes (sí, en todos lados hay altoparlantes en Canadá). Me saco los auriculares, esperando la repetición que nunca llega y entonces entra mi salvación. Una mina con uniforme le dice al tipo que tengo delante mío que el tren no sigue, que tenemos que tomar un “shuttle” a la salida de la estación (servicio de enlace fue la mejor traducción que encontré, y quédense tranquilos que cuando yo se lo escuché decir a esta mina, tampoco sabía qué mierda tenía que tomar). Ya decidido a no escuchar música y/o leer, me bajo del tren y cuando salgo de la estación encuentro dos micros enormes, de esos con acordeón en el medio. Cada uno con un número distinto (502 y 503, creo), me subo en el primero, total, ya estaba pensando en llamar a Tim para que me venga a buscar a cualquier lado donde terminara…

A todo esto, al pasar veo que hay un grupo de 15 tipos laburando en las vías, haciendo bastante ruido. Ruido que no pude escuchar por el mp3. Me puteé.

En el colectivo fui cogoteando todo el tiempo, tratando de ver algo que me resultara familiar (aunque yo sabía muy bien que nunca había estado por ahí). “Debe pasar por todas las estaciones”, me dijo mi lógica. Y tenía razón. Al ratito enpecé a ver que pegaba una vueltita y entraba cerca de varias estaciones. Me pongo el mp3, pero no saco el libro. De repente para en una de las estaciones y la mayoría de la gente se baja. Y yo no escuché nada (si es que alguien dijo algo). Me puteé de nuevo. Le pregunto al chofer y me dice que esa es la última parada, que de ahí en más puedo seguir en el tren. Perfecto!

Me voy a la primera estación que aparece delante mío. Pregunto si estoy bien ubicado y me dicen que sí. El tren tarda y me pongo a mirar los carteles; me doy cuenta de que estoy en la estación que va en la dirección contraria a la que quiero ir. No hay problema, mi falta de ubicación me prepararó vastamente a lo largo de años de andar perdido y mi amor propio no iba a resultar lastimado por una pavada así. Voy a la estación que corresponde (L Olympic Plaza) y espero.

Párrafo aparte para los carteles. Si los carteles de las estaciones hubieran sido los mismos que están en la página que puse un poco más arriba, la historia terminaba acá. Pero no. Según el cartel de la estación en la que estaba, la línea de tren que tenía que tomar terminaba en la estación P (Dalhousie) y no en R (Crowfoot). Hay que tener en cuenta que yo no tomé la precaución de mirar la página de los trenes antes de salir de casa, todo me fue explicado por teléfono y sonaba demasiado simple como para revisarlo. La casa de Tim está a 4 cuadras de la estación Lions Park. Qué más fácil que eso?

Entonces, estoy esperando el tren y pasa uno que dice City Centre, no lo tomo. Pasa el siguiente, Crowfoot, no lo tomo (acuérdense que estoy esperando uno que diga Dalhousie). Pasa otro City Centre y otro Crowfoot… A 10 minutos entre trenes, ya van 40 minutos. Harto, me subo en el City Centre. Ese tren termina en 10th. Street West, justo una estación después de la curva que yo debería haber tomado para ir a la casa de Tim! (vi la curva desde el tren y me puteé por tercera vez…)

Bajo del tren (obviamente, porque termina ahí) y me voy a buscar un teléfono público para decirle a Tim que me venga a buscar, ya a esta altura estaba más que harto, frustrado y con ganas de llorar (en serio). No encontré ningún teléfono, pero encontré un poco de calma al caminar, así que me puse a buscar la estación que está antes de la curva para retomar el viaje en tren. Cuando llego a la estación (U 8 Street West) veo que pasa por la vía que va en sentido contrario un tren que tiene el cartel de Somerset (desde donde arranqué yo). En un rapto de lucidez me quedo mirando el tren hasta que pasa y veo del otro lado (en la parte de atrás, digamos) un hermoso cartel que dice “Crowfoot”. Ahí sí que me puteé en serio…

El resto del viaje fue normal, llegué a donde tenía que llegar, 2 horas y media más tarde, nos reímos de la historia con Tim y Elisa (su esposa) y me prepararon una taza tamaño baño de capucchino casero. Y cuando digo casero es: café tostado en casa, cafetera espresso, leche calentada a vapor… sólo faltaba que fueran a buscar la leche al fondo de la casa…

Lo bueno de todo esto que pasó es que, más allá de lo mal que la pasé, ya no le tengo miedo a ir al centro solo…

domingo, 6 de septiembre de 2009

Se va la segunda

Bueno, ya estaba en Calgary, arreglando quién me iba a hacer la gamba para ir a buscar la valija. Michael se encargó de buscar algún amigo disponible y después de un par de llamados, quedó areglado que iba a ser Tim quien me ayudara con el trámite. Tim es uno de los testigos del casamiento, el de barba y anteojos en ésta foto. Entonces el arreglo fue que yo iba a ir a la casa de Tim y de ahí, íbamos en auto hasta el aeropuerto, no tenía sentido que me viniera a buscar a casa, porque la casa de Tim está de paso al aeropuerto saliendo de nuestra casa.

Párrafo aparte para el transporte público. Desde nuestro barrio tenemos un solo colectivo (el número 14, como en Varela), hace un recorrido relativamente corto pero nos lleva hasta la estación de trenes en 15 minutos. Desde ahí uno puede ir a cualquier parte de la ciudad, casi. Uno saca un boleto de $2,50 dólares y se puede viajar por una hora y media en cualquier dirección utilizando tren o colectivo (son parte de la misma empresa). Hasta ese momento, mi experiencia con el transporte público era bastante básica: tomo el colectivo a dos cuadras de casa, me bajo en la estación de tren, tomo el único tren que pasa por ahí (es una estación cabecera) y me bajo en la siguiente estación para ir a la tienda de música y conservatorio donde trabajo. Bastante simple si además uno tiene en cuenta que existe la posibilidad de chequear el horario de colectivo en internet antes de salir.

Ahora, para ir a la casa de Tim, yo tenía que hacer el mismo recorrido, pero bajarme unas 15 estaciones de tren más adelante. Bastante sencillo, no? Vamos a ver…

Me levanto el domingo a eso de las 9:30 (tenía que esperar el llamado de la aerolínea por mi valija, se acuerdan?), me fijo en el contestador, que estaba titilando y escucho el mensaje. Alguna de las oligofrénicas que trabaja para la empresa dejó un mensaje perfectamente ininteligible con el mismo tono snob de una borrega de 15 años que va al colegio más cheto de Belgrano. En el medio entendí algo como que mi valija había llegado y que tenía que arreglar una cita con ellos para ir a buscarla, pero puede haber dicho que la valija se cayó del avión, explotó en el aire y me estaban haciendo juicio porque una zona de Canadá se infectó de algo con un producto marca Taragui…

Párrafo aparte para las azafatas angloparlantes de la aerolínea WestJet. Son lo menos articuladas fonéticamente hablando que conocí hasta ahora. Todo es dicho en inglés y francés en los altoparlantes del avión, pero es preferible que trates de entender la parte dicha en francés (aunque no entiendas una sola palabra) que el rosario de diptongos, triptongos y cuatriptongos (???) en un volumen que satura los parlantes de la parte en inglés. Es frustrante.

En fin, llamo a Westjet y me ponen en espera. Mientras tanto me fijo el horario del micro en internet. El proceso es sencillo, todas las paradas tienen un número único (la nuestra es la 8443), uno escribe el número de parada y recibe el horario de los próximos 3 o 4 micros. Pruebo. “La información no está disponible”. Pruebo con otra línea, tal vez el sitio no funciona. Me da resultados. Pruebo con la mía de nuevo. “La información no está disponible”. Me pongo a pensar y me doy cuenta de que no escuché pasar ningún colectivo desde que me levanté… empiezo a pensar que no voy a tener colectivo, lo cual era un alivio, porque uno no tiene muchas ganas de hacer todo lo que tenía que hacer un domingo… pero algo de sentido de la responsabilidad me queda, así que corto con WestJet, que después de 25 minutos no me atendía y llamo a Calgary Transit para ver qué pasa con mi colectivo.

Me atiende una mina que no me deja terminar de formular la pregunta y me tira un “just a minute, please” re abrupto. OOOHHHMMM… Me pregunta el número de parada y cuando se lo digo, me contesta que puedo chequear el horario en internet. Intento contarle que no funciona, y una vez más, antes de que pueda terminar de hablar, otro “just a minute, please”. OOOHHHMMM…. Me contesta que el horario para mi línea en particular no está funcionando en la página, a lo que le contesto si me puede decir los próximos hor… “just a minute, please”. Le corté antes de que terminara de decírmelos.

Uf! es largo cuando uno lo escribe… se viene la tercera parte, así no se aburren!

Tarde pero seguro

Esto pasó unas tres semanas atrás. Michael estaba en Saskatchewan y yo fui a pasar un tiempo con él. Estuvimos un par de días en Outlook (la ciudad, no el software) y cuando llegó el fin de semana fuimos a la casa de los padres, en Saskatoon.

Si no hago ningún comentario es porque Outlook no lo vale. Salvo por un puente peatonal, que según dicen es el más largo de todo el país y que originalmente formó parte del tendido de vías de Canadian Pacific Railway, construído en 1912 y utilizado por trenes hasta mediados de los ‘80. En el año 2003 fue transformado en puente peatonal. Es pintoresco, pero el día que fui a verlo había tanto viento que ni siquiera pude llegar a la mitad del puente… Pueden ver fotos de la ciudad y del puente (le llaman Skytrail) acá http://www.town.outlook.sk.ca

La siguiente semana fuimos a Spiritwood (http://www.townofspiritwood.ca), un lugar más o menos tan aburrido como Outlook, pero nos hospedamos en la casa de dos amigos de Michael, David y Glenda. Rondan los 60 años, tienen hijos, pero se fueron de la casa hace tiempo y estaban encantados con nuestra visita, comimos como reyes, bebimos otro tanto y jugamos un torneo de canasta que duró 3 días de los 5 que estuvimos ahí. 3 noches, porque de día cada uno trabajó en lo suyo. David y Glenda tiene una casa divina, llena de cosas lindas y abastecida como un supermercado (literalmente, las alacenas están que explotan de comida), tengo fotos de todos los rincones de la casa, pero tengo que pedirles permiso para postearlas…

El caso es que llegó el fin de semana y con todo el dolor del mundo (porque ya habíamos sacado el pasaje) me monté en el avión el sábado para volver a casa. De haber sabido que la íbamos a pasar tan bien en Spiritwood, me hubiera quedado (Michael se quedó en la casa de esta gente una semana más).

Y acá empiezan mis complicaciones. Llegamos justo al aeropuerto para que tome el avión, pero ya nos avisaron que como despaché el equipaje tan a último momento, seguramente las valijas no íban a ir conmigo, sino que saldrían con el siguiente vuelo de la empresa a Calgary. No importa, dije, no tengo nada importante, puede esperar un día. El problema era encontrar a alguien que me lleve el domingo a buscar el equipaje, y no podía ser la misma persona que me iba a buscar a Calgary, porque ya sonaba a abuso (no es tan lejos, pero tampoco se puede abusar de la gentileza del canadiense sin conocerlo mejor, no sé si me explico…)

El caso es que tuve que hacer trasbordo en Edmonton y me pasó lo mismo, llegué dos minutos antes de que despegue… raro en mí, siempre estoy media hora antes en este tipo de eventos, pero en fin…

Llego por fin a Calgary, pregunto por el equipaje para no quedarme esperando en la calesita de las valijas al pedo y me confirman que está despachada para llegar a Calgary el domingo, me toman el número de teléfono para avisarme y me voy. A todo esto, la amiga de Michael que me iba a buscar me encontró enseguida, así que en 20 minutos estaba en casa tomando mate.

Hablo con Michael, le aviso de la valija y le pregunto a quién podemos llamar para que me lleve de paseo al otro día. Porque además de la valija, necesitaba comida, porque la heladera estaba vacía y pensábamos comprar una cortadora de cesped, porque la que nos regalaron no pudimos hacerla funcionar (es a nafta y nunca usé una de ese tipo, seguí todas las instrucciones y nada…) y si dejábamos crecer más el pasto, estábamos corriendo riesgo de recibir una multa (te multan por tener el pasto largo, podés creerlo? imaginate en Varela lo que sería!).

Bueno, voy a dejar esto acá para que no se haga largo, prometo segunda parte re jugosa… seriously, un argentino perdido en Canadá, para no perdérselo!