En el post anterior les conté que la premisa de la reunión a la que fuimos era acompañar cada plato de una historia, una canción o una poesía. El comentario quedó ahí porque sólo los dueños de casa y nosotros cumplimos. Las ostras estuvieron acompañadas de una canción muy años ‘50, que creemos que se llamaba “Song of the oysters” (La canción de las ostras). Por supuesto, cuando vimos que estaban por poner un CD con Michael nos miramos como diciendo “ah, eso valía???”. Cuando te invita un violista y una pintora lo último que esperás es que sean tan poco imaginativos. El otro plato que cumplió con la regla fue la brochette de ciervo, también de los dueños de casa. Ahí estuvieron un poco más imaginativos y eligieron una canción de la banda de sonido de la película “Bambi”.
Nosotros nos fuimos con impresiones de mi poesía en castellano e inglés para todo el mundo, seleccionamos cuidadosamente las palabras de la traducción, les contamos toda la historia de porqué escribí eso, en fin, una creación de ambiente y un esfuerzo de producción que, al menos, ellos agradecieron respetuosa y admirativamente.
La poesía la escribí hace un par de años atrás, Michael estaba estudiando con Hilda Herrera, que es una eminencia en folklore argentino y yo estaba leyendo una vez más “Misteriosa Buenos Aires”. No sé cómo fue que acordamos que era una buena idea hacer canciones con la temática de los cuentos, el caso es que me enganché y ahí me puse a escribir, a medir las sílabas, a buscarle vocales que sonaran lindo, etc. El cuento es “La sirena” y dice:
La Sirena (1541) – Misteriosa Buenos Aires, Manuel Mujica Lainez
Hasta Asunción llegaron las andanzas
las troperías de los hombres claros
(la guerra por el oro han declarado)
repletos de pasión y de venganza.
Sirena sabe de ellos hace tiempo
de Gaboto, Solís, sus fundamentos
y no sólo lo ha leído en el viento,
el gigante, su amigo, le ha contado
(y dejó su laguna, por buscarlo.)
Toda la vida buscando
ni cualquiera, ni todos: uno
no un hombre, ni un pez, sino ambos
o de los dos, a ninguno.
Ajena a la historia, que le es vedada,
Sirena juega entre barcos vacíos
Buenos Aires escapa en tres navíos
hoy, cinco años después de ser fundada.
Ella insiste con la misma obsesión,
nada puede impedir la comparación,
entre blancos e indios no hay distinción,
una cuestión de colores, nada más,
pero ella, de un hombre, no será jamás.
Toda la vida buscando
ni cualquiera, ni todos: uno
no un hombre, ni un pez, sino ambos
o de los dos, a ninguno.
La luz tardía esconde sus escamas
y el reflejo arco iris de su cola
en la huída, dibuja alguna ola
Se esconde frente a la amenaza humana
¿Es un hombre injertado en un navío?
La Sirena perdida en desvaríos.
Toda la vida buscando
ni cualquiera, ni todos: uno
no un hombre, ni un pez, sino ambos
o de los dos, a ninguno.
No es seguro, pero canta al humano
Poseidón y su tridente, indiferentes
El amor la conduce a hacerle frente
Canta entonces, busca respuesta en vano
trepa al barco, ya lo abraza y lo besa
ya no importa que el tridente la atraviesa.
Toda la vida buscando
ese abrazo correspondido
se quiebra el frente y caen ambos
en el rio, ya dormidos…
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