Podrá parecer de gordo que uno elija este tema para un post, pero ya van a entender porqué lo elegí. Hay gente a la que no le interesa en lo más mínimo lo que come mientras le quite el hambre, a mí además de eso me gusta la comida con historia, la comida extraña, las combinaciones bien pensadas, las ganas de sorprender que tiene quien cocina cuando selecciona la receta, etc. La comida es una fiesta, no sólo por la cantidad, sino por el evento que significa. Y fin de año es una ocasión especial de por sí. Este fue el primer fin de año en Canadá para mí y la verdad es que no pude estar más mimado culinariamente hablando.
Nos invitaron unos amigos a una reunión en su casa. La premisa era llevar un “appetizer” (algo para picar) suficiente para diez personas y una botella de vino por pareja invitada. Además, la comida y la bebida tenían que estar acompañadas de una poesía, una canción o una historia relacionada con lo que uno llevaba. Linda idea. Nosotros elegimos empanadas, un malbec argentino y una poesía que yo escribí con la idea de transformarla en canción en algún momento con la música de Michael. (Creo que voy a hacer un post extra con la poesía.)
Era la primera vez que íbamos (al menos yo) a la gansa de esta gente y si bien los conocíamos y estaba todo bien, no hay una gran cercanía, así que teníamos nuestras dudas. El concepto de la fiesta si salía bien, podía ser muy interesante; pero si salía mal, no se iba a quedar sólo en una mala noche, iba a ser insoportable!
Con nuestras dudas a cuesta y con la perspectiva de ser los primeros invitados (cuando estacionamos en la puerta vimos un sólo auto, y eso que llegamos una hora más tarde que lo acordado) entramos decididos a enfrentar lo que venía.
Nuestros amigos, Arthur y Sherry, son una pareja particular. Él fue uno de nuestros testigos de casamiento (el de pelo canoso, no el de barba – ver fotos en Facebook), toca la viola (viola, viola, no viola a lo argentino) y le encantan los autos. En el garage tiene dos autos tuneados, miles de herramientas y uno de esos gatos hidráulicos para levantar los vehículos (uno con pinta de Porsche está en la parte de arriba y otro cuidadosamente cubierto con dos fundas, descansa debajo). Sherry es pintora y vive en una especie de alegría melacólica muy a lo Graciela Borges. Hace unos trabajos divinos en técnicas variadas y por alguna razón adora el español con acento argentino, así que estaba en una especie de éxtasis tropical cuando leí la poesía en castellano. Lindos ambos y muy elegantes (muy a lo Graciela Borges, también).
La otra pareja que estaba en la casa era no tan agradable. El tipo parecía Dani DeVito haciendo el papel del pinguino en Batman vuelve, y ella era un estilo Canela, pero rusa (caroncha, caroncha, diría Vernaci). La buena noticia fue que el pinguino era cheff de cocina.
Retomando con el tema del menú. Picadita en la mesa, raíz de jicama y tomates cherry con un dip re picante. La raíz de jicama es tipo un nabo, pero es más dulzona, estaba cortada en tiras tipo papas fritas un poco gruesas para meter en el dip. La consistencia en como la del coco, pero de sabor neutro.
Primer plato: ostras Rockefeller, yo no soy muy amante de las ostras y apenas llegamos, curioseamos la cocina y vimos los infames bichos en la mesada sobre hielo. Por dentro empecé a putear, no hay nada que me dé más asco que tener que comer esos bichos vivos. Pero por suerte después vi que Arthur los estaba partiendo y les estaba metiendo de todo arriba y después, al horno. Llevan una pasta de espinaca, mucha manteca, ajo y queso rallado por encima.
Segundo plato: las empanadas que llevamos nosotros. De carne, con hojaldre casero, estaban buenísimas!
Tercer plato: Y acá fue el turno del cheff. Nos sirvió una terrina de muslos de rana sobre unas hojas de espinaca cruda y radicchio, a mí las terrinas mucho no me van, siempre me dió un poco de asco esa gelatina que llevan, y peor cuando el tipo te cuenta que la gelatina proviene del hervor de los huesos de rana. Pero lo comí con ganas, me acordé que la última vez (la única otra vez) que comí ranas las había preparado Susana Chelasco y yo tenía unos 10 años o menos… El radicchio, un amargor!
Cuarto plato: (imaginen que cada uno de los platos es tamaño picada, no nos comimos 6 empanadas, sino una – bah, nosotros nos comimos 2 cada uno, que para eso amasé como loco!) Eran unos langostinos cocinados sobre madera de cedro. Esto merece explicación. Arthur usó una técnica de cocción de la que nunca había escuchado nada. El nombre es “plank cooking”. Se una una placa de madera de cedro que previamente de sumergió en agua por al menos una hora antes de empezar. Se pone la madera sobre la parrilla (recordar que acá las parrillas tienen siempre tapa, así que es como un horno), se precalienta de esa manera y después se colocan los ingredientes encima y se vuelve a poner en la parrilla. Él puso rodajas de limón sobre la placa de madera, encima los langostinos, los llenó de perejil y ajo picados y queso rallado. El efecto es que la comida tiene sabor a madera y un poco ahumada, pero no se seca como si uno lo cocinara al horno, por la humedad de la placa de madera.
Quinto plato: Brochette de ciervo y panceta con salsa de queso azul acompañado con esparragos blanqueados. Una exquisitez!!
Sexto plato: Costilla sobre pure de raíz de apio. Este plato fue del cheff de nuevo. Ahí ya empezamos a pedir disculpas, porque nos habían dicho de traer un solo plato, pero nos dijeron que estaba bien, que habíamos cumplido con lo que teníamos que hacer. Parece que el cheff no se aguantó llevar uno solo. La realidad es que estaba exquisito. No sé cómo hizo la carme pero se desarmaba cuando la tocabas con el cuchillo. Lo más parecido que se me ocurre es pensar en una costilla de asado, pero imaginar que la carne es de vacío. Y el puré estaba bueno, esa raíz de apio, obviamente, tiene sabor a apio, pero el tipo lo mezclo con un poco de papa y quedó re cremoso.
Y ahí se terminó la cena, después vinieron los postres, pero eso a mí no me interesa demasiado. Demás está decir que cada uno de los platos estaba acompañado de un vino seleccionado para conjugar de la mejor manera. Haciendo la cuenta, 6 vinos diferentes.
Para darse una idea de lo que quiero decir cuando digo que Sherry es muy a lo Graciela Borges, oliendo uno de los vinos dijo sin un ápice de verguenza que ella olía tonos de damascos….
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